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······· Pide Oraciones ·······

Libro de otras Oraciones:
Venga tu reino

Pedimos al Espíritu Santo
que ensanche los deseos de nuestro corazón
y los colme
más allá de lo que nuestros corazones desean,
más allá de las peticiones
que pueden brotar de nuestros labios,
aunque no encontremos tal vez
las palabras adecuadas para expresarnos.
Sí, pidamos ser cada vez más
instrumentos de la voluntad salvadora de
Dios, de su designio de unidad, de su reino: ¡Venga tu reino!




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Libro de otras Oraciones:
Oración por la patria o la ciudad

Bienaventuradas Dominaciones, vosotras que estáis a la vera del Dios Todopoderoso, recibid las oraciones que
os dirigimos por nuestra Patria, para que la prudencia de los gobernantes, y la honestidad de los ciudadanos consoliden la concordia y la justicia, y con la paz, sea incesante la prosperidad.
Dios de bondad, que cuidas de nosotros con solicitud paternal: concede, por tus Santos Ángeles y Arcángeles, que todos los hombres a quienes diste un único origen formen una sola familia donde reine siempre la paz y la concordia fraterna.
Te suplicamos, Señor, que infundas tu gracia en nuestras almas, para que habiendo conocido por el anuncio del Ángel la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz, alcánzanos la gloria de la Resurrección.




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Libro de otras Oraciones:
Oh, Trinidad adorable

¡Oh, Trinidad adorable! ¡Oh, venerable Unidad! Haz que brille tu resplandor sobre nosotros, y gobierna las obras de nuestras manos sobre nosotros, y gobierna la obra de nuestras manos. ¡Oh, Criador soberano, Padre Eterno!, ¿qué hiciera yo si vos no me diérades el ser y me criárades a vuestra imagen y semejanza? Y ya que por mis culpas la borré, ¡oh, Redentor del mundo!, ¿qué hiciera yo si vos no la renovásedes por los trabajos de vuestra cruz? ¿Y que haré yo, que os veo rendir vuestro espíritu en ella para enviar al Espíritu Santo?

¿Qué retornaré al Señor por todas las cosas que me ha dado? ¡Oh, qué ferias hacéis con el hombre! Tomáis la semejanza de su imagen, y, por dar la semejanza de la vuestra, dais vuestro espíritu para conservar el nuestro. ¡Venid, oh, santo Espíritu!, que sin vuestra lumbre no hay ojos que vean, sin vuestro amor no hay corazón que ame. ¿Quién os trae a la tierra? ¿Quién os llama? ¿Qué veis en ella para venir? ¿Cómo venís a gente que antes merecía el fuego infernal por la sangre derramada del cordero sin mancilla?

¡Oh, Espíritu de verdad, en quien sólo se halla consuelo verdadero!, conozca mi alma la obra de vuestras manos, así en las tribulaciones como en las consolaciones, y no permitáis que sea de aquellos que ni conocen al Padre ni al Hijo, ni de los que persiguen a quien les dice las verdades y manifiesta vuestros misterios; antes os suplico me deis fortaleza siendo perseguido por la verdad de vuestra Iglesia Romana, y pues sois don de Dios, dadme lengua que os alabe, oídos que os oigan, paladar que os guste, entendimiento que os obedezca, corazón que os ame, y memoria que os tenga siempre presente, para que de esta manera se cumpla en mí aquella admirable promesa: Vendremos a él, y haremos mansión dentro de él. Amén.




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Libro de otras Oraciones:
Esposa del Espíritu Santo

Tú, dulce Espíritu, que todo bien creas, Tú, la paz de mi alma, luz y fuerza, omnipotencia del amor eterno, ¡oh! muéstrate a mí en visible forma.
Allá en el Jordán el Hijo del hombre se mostró, su cabeza divina en profunda humildad inclinó, entonces Tú viniste, sobreabundancia de toda pureza, bajo la forma luminosa de una paloma ligera.
Los discípulos te oyeron en la brama de la tormenta, la casa tiembla por los impetuosos silbidos; sobre sus cabezas titilan como lenguas de fuego, tu fuego de amor domina el corazón.
Pero Tú creaste una fiel imagen, purísima flor de la creación, divina y mansa. En un rostro humano, celeste, claro, se revela la plenitud de tu luz.
En sus ojos resplandecen ascuas de amor, e infunde frescor como de cristalina agua. Su sonrisa es esplendor de alegría feliz que cual bálsamo se vuelca sobre el corazón herido.
Con mano maternal y dulcemente conduce, con la fuerza de tu fuerza, a su hijo. Donde sus pies pisan florece y reverdece, y el resplandor del Cielo ilumina la naturaleza.
La brillante gloria de la plenitud de gracia la ha elegido desde la eternidad para el Trono, y a través de ella fluye hacia la tierra y todo don viene de sus manos.
Como esposa está unida a Ti indisolublemente ¡Oh, dulce Espíritu! Yo te he encontrado. Tú me revelas la luz de tu divinidad, clara resplandeciente, en el rostro de María.




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Libro de Novenas:
Novena al Espíritu Santo

Oración preparatoria.- Venid, oh Espíritu Santo, y enviad desde el Cielo un rayo de vuestra luz, a fin de que sepamos lo que hemos de hacer o evitar. Amén.
Día 1.- Venid, oh Padre de los pobres, y ha-cednos participantes de las riquezas de la divina gracia, que es la principal riqueza; venid, Dador de todas las gracias y concedednos santificarnos y salvarnos. Amén.
Récense tres Padrenuestros.
Oración final.- Os rogamos, Señor, que purifiquéis nuestros corazones con la luz del Espíritu Santo, a fin de que os sirvamos siempre libres de todo pecado. Amén.
Día 2.- Venid, Consolador magnífico en las muchas penas de esta miserable vida; venid, Huésped de nuestra alma por la divina gracia; venid, dulce refrigerio en toda tribulación; consoladme, sostenedme. Amén.
Día 3.- Venid, descanso en la fatiga, para que no nos cansemos de seguir el camino de la virtud; venid, Vos, que sois como fresca brisa contra el ardor de las pasiones y el alivio en nuestros dolores. Amén.
Día 4 .- Venid, oh luz dichosísima, inundad en resplandores lo más íntimo de los corazones de vuestros fieles. Si Vos no me ilumináis, andaré en las tinieblas del error y del pecado y del infierno. Salvadme. Amén.
Día 5.- Venid, Espíritu Santo, porque sin vuestra ayuda nada hay puro en el hombre, nada bueno hay en él. Nada soy, nada puedo, nada valgo, en orden a mi eterna salvación, sin Vos. En Vos confío. Amén.
Día 6.- Oh Espíritu Santo, lavad lo que está manchado en mí por causa del pecado; regad lo que está árido a causa del poco fervor con que hago las cosas de Dios; dirigid lo que está extraviado. Cúmplase siempre vuestra voluntad. Amén.
Día 7.- Oh Espíritu Santo, doblegad lo que está rígido en mi voluntad para serviros; calentad lo que está frío en mí por mi poco amor a Dios; dirigid lo que está extraviado. Cúmplase siempre vuestra voluntad. Amén.
Día 8.- Oh Espíritu Santo, conceded a vuestros fieles vuestros siete dones. Dadme el don de sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Que os ame, os tema y os posea un día. Amén.
Día 9.- Oh Espíritu Santo, conceded a todos el premio de la virtud, conceded a todos una buena y santa muerte y después la eterna felicidad del Cielo. Esto os pido para mí y para todos. Amén, así sea.




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