Libro de otras Oraciones
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Libro de otras Oraciones:
EL SEÑOR ES MI PASTOR

El Señor es mi pastor, nada me falta
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque Tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. (…)
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del señor,
por años sin término.

(Salmo 22)




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Libro de otras Oraciones:
EL SECRETO DEL CARDENAL MERCIER

Os voy a revelar un Secreto para ser santo y dichoso. Si todos los días durante cinco
minutos, sabéis hacer callar vuestra imaginación, cerráis los ojos a las cosas sensibles y los
oídos a todos los rumores de la tierra, para penetrar en vosotros mismos, y allí, en el santuario
de vuestra alma bautizada, que es templo del Espíritu Santo, habláis a este Espíritu Divino
diciéndole:

¡Oh Espíritu Santo, alma de mi alma, te adoro! Ilumíname, guíame, fortaléceme,
consuélame; dime qué debo hacer, dame tus órdenes; te prometo someterme a todo lo que
desees de mí y aceptar todo lo que permitas que me suceda; hazme tan sólo conocer tu
voluntad”

Si esto hacéis, vuestra vida se deslizará feliz, serena y llena de consuelo, aun en
medio de las penas, porque la gracia será en proporción a la prueba, dándonos la fuerza de
sobrellevarla, y llegaréis así a la puerta del Paraíso, cargados de méritos. Esta sumisión al
Espíritu Santo es el secreto de la Santidad.




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Libro de otras Oraciones:
EL MENSAJE DE LOURDES

Santa Bernardita nació en Lourdes el 7 de enero de 1844. Desde octubre de 1845
hasta 1854, vivió en el molino de Boly; por ese tiempo la llevó consigo su madrina, y la tuvo dos
años en calidad de niñera. Con la misma ocupación estuvo en Batres veintiún meses. No había
ido a la escuela. Sabía el Padrenuestro, el Avemaría, el Credo, no bien, y la jaculatoria: Oh
María concebida sin pecado, ruega por nosotros que acudimos a Ti. No deja esto último de
ser providencial.

De Batres volvió a Lourdes, para ir a la escuela y prepararse a la primera comunión.
Había entrado en los quince años, v sucedía esto a fines de enero de 1858.

La que cantó: Dios levanta a los humildes, volvió sus ojos a esta joven sencilla, nacida
en el campo como azucena sin cultivo. A orillas del Gave está la gruta donde Santa Bernardita
vio a aquella joven de su misma estatura. Vestía una túnica blanca con borde azul, que le
llegaba hasta los pies, en cada uno de los cuales había una rosa de oro. Un manto, blanco
también, la cubría, desde la cabeza hasta los bordes de la túnica. Una faja azul ceñía su
cintura. y en una mano tenía un Rosario, con cadena de oro.

La aparición saludó a Santa Bernardita, inclinando la cabeza. Separó un poco del
cuerpo los brazos, que traía extendidos hacia abajo, y abrió las manos. Del brazo derecho
pendía el rosario. Sonreía la Virgen Santísima con mucha gracia, indicándole que se acercase.
Bernardita sacó el rosario; la Virgen puso también en la mano el suyo. Se santiguó la Virgen
María; y, mientras Santa Bernardita rezaba el Rosario, la Reina del cielo corría las cuentas del
suyo, sin mover los labios.

Mostraba viveza, edad de persona muy joven y estaba rodeada de luz. Cuando Santa
Bernardita concluyó el Rosario, la visión la saludó, se retiró al fondo de la cueva y desapareció.
Era 11 de febrero de 1858.

Tres días después iba Santa Bernardita a la cueva acompañada de cinco pequeñas
con su rosario cada una; lo rezaron y apareció la Virgen. No la vieron las compañeras de la
Santa; pero ella sí, y le echó agua bendita. La Madre de Dios se sonreía y hacía la señal de la
cruz. Si vienes de parte de Dios, dijo la niña a la visión, acércate, y se acercó.

En la tercera aparición, la joven alargó a la Virgen un papel, para que escribiese lo que
deseaba de ella; se sonrió la Madre de Dios, y le dijo que no hacía falta. ¿Quieres, añadió,
venir aquí durante quince días? No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro. Era
dulce su voz, azules sus ojos, los cuales tenía siempre abiertos; y miraba a todos
benignamente y de un modo especial a una congregante, que estaba también allí. Era el 14 de
febrero.

El 19 llevaba Bernardita el rosario en una mano y una vela en la otra. Se encaminó a la
cueva, y después de tres Avemarías se presentó la celestial Señora, que le sonreía.

La quinta aparición duró un cuarto de hora.

En la sexta, mirando a lo lejos, dijo a Bernardita con tristeza: Ruega a Dios por los
pecadores, en seguida apareció otra vez su rostro bondadoso y sereno.

El 22 no hubo aparición: por estar presentes dos agentes de la autoridad civil.

En la aparición del 23, estaban presentes doscientas personas. Se extasió Bernardita
durante una hora, que la pasó de rodillas. De tiempo en tiempo rezaba el Rosario v hacía
devotamente la señal de la cruz.

El 25 de febrero, durante la aparición, dijo la Virgen a la joven: Bebe y lávate en la
fuente, come la hierba que allí encontrarás, y le mostró el sitio de la fuente. Escarbó en él,
salió agua turbia; escarbó de nuevo, y a la cuarta vez pudo beber.

El 26 de febrero había junto a la gruta como ochocientas personas, cuando la Virgen
Santísima, a las siete de la mañana, se dejó ver de Bernardita. Le dijo que rezara e hiciera
penitencia por los pecadores, y añadió: ¿Te causaría demasiada repugnancia subir de rodillas
y besando el suelo? Subió Bernardita, como la Virgen quería, y con el Rosario en la mano. Lo
mismo hizo la joven el 27, después que la Virgen le mandó hiciese penitencia por sí y por los
demás.

El domingo, 28 de febrero, se había reunido cerca de la gruta un millar de personas. La
Madre de Dios estaba en pie sobre la piedra cubierta de ramaje; más abajo había un rosal
silvestre El 2 de marzo, las personas eran unas mil quinientas. La purísima Reina pedía se
hiciese una capilla; y antes había pedido que hubiese una procesión. Rezó el 4 de marzo
Bernardita arrodillada, el Rosario entero, y rezaba también el comisario de policía; la Virgen
María, durante su aparición, se sonrió dieciocho veces y de cuando en cuando se entristeció.

Llegó el 25 de marzo; a las cuatro de la mañana fue Bernardita a la gruta, había
terminado una decena del Rosario, cuando se presentó la Reina del cielo. ¿Quién sois,
Señora?; le preguntó; se sonrió la Madre de Dios y no le contestó; segunda y tercera vez
insistió la joven en su petición; entonces la Reina y Madre de misericordia, que inspiraba
aquellos vehementes deseos, extendió hacia abajo los brazos, miró al cielo, levantó las manos
y las juntó sobre el pecho, y con voz dulce, con la mayor humildad y agradecimiento, exclamó:

- Yo soy, la Inmaculada Concepción. Di a los sacerdotes que edifiquen aquí una
capilla.
Piden, Señora, un milagro. Se sonrió la Inmaculada y desapareció. Hacía cuatro años
Pío IX había definido, como dogma de fe, que la Madre de Jesús, en el primer instante de su
concepción, no tuvo culpa original. La Virgen dijo a Bernardita que dejase la vela encendida,
como lo hizo.

El 7 de abril volvió a la gruta la joven, encendió una vela y rezó el Rosario. Tres cuartos
de hora estuvo en éxtasis. Sonreía a cada instante.
El 16 de julio de 1858, fiesta del Carmen, fue la última aparición. Cuando pedían a
Santa Bernardita que compusiese una oración, respondía: El Rosario es mi oración predilecta.




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Libro de otras Oraciones:
EL MENSAJE DE FÁTIMA

EL ÁNGEL DE PORTUGAL

En la primavera de 1916 rezaban el Rosario Lucía, Jacinta y Francisco en Aljustrel,
aldea perteneciente a Fátima. Se les acerca un joven rodeado de viva luz. Atemorizados los
niños, no temáis, les dice, soy el Ángel de la paz, rezad conmigo. Inclinó su cabeza hasta el
suelo con mucha reverencia y dijo: Dios mío: yo creo adoro, espero y te amo, te pido perdón
por los que no creen, adoran, esperan y no te aman.

Al poco tiempo se aparece otra vez el Ángel a los niños, y les dice: Rezad, rezad
mucho. Los Corazones de Jesús y María tienen sobre vosotros designios de misericordia.
Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.

Nuevamente ven al Ángel. En una mano trae un cáliz y encima la hostia consagrada.
De ella caen gotas de sangre en el cáliz. Lo deja en el aire, se arrodilla al lado de los niños, que
repiten con él esta oración: Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro
profundamente y te ofrezco el precioso cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo,
presente en todos los sagrarios de la tierra. Te los ofrezco en reparación de los ultrajes,
sacrilegios e indiferencia con que Jesús es ofendido. Te pido, por los méritos infinitos del
Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado de María, la conversión de los pecadores.

Se levantó el Ángel, dio la forma a Lucía y distribuyó lo que había en el cáliz entre
Francisco y Jacinta, diciendo: Tomad el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo,
ultrajado horriblemente por los hombres ingratos: reparad sus crímenes y consolad a tu Dios.

Repitió tres veces postrado la oración del primer día y se retiró al cielo. La Virgen
Santísima preparaba a los niños para las grandes apariciones.

PRIMERA APARICIÓN (13-5-1917)

El Cabezo se halla en la sierra del Aire, en la Extremadura portuguesa. Protege del
viento a Aljustrel, aldea perteneciente a Fátima. Distan El Cabezo y Aljustrel un kilómetro y los
separa el punto llamado Valiños, muy célebre también. Cerca nace el Bezelga, y Fátima es
encuentra a dos kilómetros de Cova de Iría, esto es, cuenca o valle de Iría. A unos veinticinco
kilómetros está Leiría, la ciudad episcopal.

El 13 de mayo de 1917, tres pastores de Aljustrel apacentaban su rebaño en la Cova
de Iría. Allí tenían una posesión los padres de Lucía, donde se encontraban algunas encinas y
olivos. Los niños eran Francisco, de nueve años; Jacinta, su hermanita, de siete; y Lucía, prima
de ellos, de diez. Era aquel 13 de mayo el domingo que precede a la Ascensión del Señor, y
antes de sacar al campo su rebaño, los niños habían oído Misa.

Hacia el mediodía, aunque de un modo imperfecto, rezaron el Rosario. Estaban
entretenidos en hacer cabañas de piedra, cuando un relámpago vivo cruza el aire. juntan al
punto su rebaño, creyendo que se formaba una tempestad.

Ilumina el espacio otro relámpago, y ven sobre una encina de algo más de un metro de
alta, a una Señora hermosa. Quedan los pequeños como a dos pasos de la Virgen, dentro de
la luz que la envolvía. Temen, no temáis miedo, les dice la Visión; que no te haré daño.

El vestido es de gran sencillez y todo blanco; una túnica a la que sujetaba al cuello un
cordón de oro, le llega a los pies, que apenas tocan la encina; desde la cabeza amablemente
inclinada, desciende también hasta los pies un manto orlado de oro. El manto y la túnica los
circunda la luz. Tenía las manos puestas en actitud de orar, con los dedos hacia arriba y hasta
mitad del pecho. En la mano derecha traía un Rosario, de cadena y cuentas blancas y el
crucifijo de plata bruñida. Se mostraba seria, ni triste, ni alegre.

-¿De dónde es usted?, dice Lucía a la Visión.

- del cielo.
-¿Qué quiere de mí?
- He venido a deciros que vengáis aquí el trece de cada mes hasta es. Entonces te diré
quien soy y qué quiero
-¿Y yo iré al cielo?, dice Lucía.

-Sí. - ¿Y Jacinta?
- También. -¿Y Francisco?
- Sí, pero tiene que rezar muchos rosarios.
Habían muerto, hacía poco, dos jóvenes, amigas de Lucía, y preguntó por ellas. Una
está en la gloria ya, y la otra en el purgatorio, se le respondió.

- ¿Y queréis - le dijo la Madre de Dios - ofreceros al Señor para soportar todos los
sacrificios que te envíe, en reparación de los pecados con que es ofendido y como súplica por
la conversión de los pecadores?
- Sí queremos -contestó Lucía por los tres. -Tendréis mucho que sufrir, pero la gracia
divina te confortará.
La Virgen separó sus manos y salió de ellas luz intensa y misteriosa, la cual penetró en
el pecho de los pequeños hasta lo más íntimo del alma, dándoles un conocimiento tan grande
de sí mismos, que quedaron internamente inundados de Dios, como si se vieran en un limpio
espejo.

Cayeron de rodillas y dijeron cada uno por separado:

;Oh Santísima Trinidad, yo te adoro! ;Dios mío, lo te amo! Así se lo había enseñado,
un año antes, el Ángel de la paz, que la Virgen prudente por tres veces les había enviado,
preparándolos para las grandes misericordias.

La aparición dice después a los niños que recen el Rosario con devoción todos los días
para obtener la paz del mundo. En seguida sube a lo alto hacia Oriente. Los pequeños
resuelven no decir nada de lo acaecido; pero Jacinta todo lo divulga, porque no puede contener
el gozo en su pecho. Será eso fuente de sinsabores, que heroicamente padecerán.

SEGUNDA APARICIÓN (13-6-1917)

A la hora señalada por la Virgen llegaron los tres niños. Se colocaron arrodillados bajo
la encina grande, distante del sitio de las Apariciones como cincuenta pasos; se pusieron a
rezar el Rosario. Se vio el relámpago. Fueron los pastores presurosos hacia la encina pequeña.
¿Qué queréis de mí? Más adelante les diría lo que deseaba. Les dice que aprendiesen a leer.

Lucía prosiguió su diálogo, y pidió a la Señora que llevase a los tres al cielo. - Sí, respondió-,
a Jacinta y Francisco los llevaré pronto. Tú debes permanecer aquí más tiempo,
Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la
devoción a mi Corazón Inmaculado. -¿Debo quedarme sola? -No, hija; ¿sufres mucho?

La Santísima Virgen aludía a las persecuciones que en las semanas anteriores padeció
la pequeña. No te desanimes! Yo no te abandonaré jamás. Mi Corazón Inmaculado será tu
refugio, y el camino que te conducirá a Dios.

Al decir estas palabras abrió las manos, salió de ellas luz que iluminó a los pastores,
con la cual se veían como sumergidos en Dios. Delante de la mano derecha de la Virgen se
veía un Corazón, cercado de espinas. Pedía penitencia y reparación. Se vio levantarse en el
espacio como una nube y la encina, que por ser junio tenía abundantes hojas, las mostraba
recogidas y plegadas en la dirección del Oriente, como si el manto de la Virgen les hubiera
dado esa posición, al despedirse la Señora.

TERCERA APARICIÓN( 13-7-1917)

Tuvieron los niños mucho que sufrir. El clero, y en particular el señor Párroco de
Fátima, creían que podía haber engaño. Lo mismo la madre de Jacinta y, sobre todo, la de
Lucía, que le dio muy malos ratos.

No faltaban los que defendían a los niños. Ellos, por su parte, no se acobardaron.
Ofrecían todos sus contratiempos al Inmaculado Corazón de María para desagraviarle, y por la
salvación de los pecadores.

Como el patrón de Fátima es San Antonio, concurrió mucha gente a la parroquia el 13
de junio, y se divulgó la noticia de las Apariciones. El 13 de junio había en la Cova de Iría unas
tres mil personas. Temerosa Lucía de estar engañada, viendo la actitud de los suyos para con
ella y la del señor Párroco, no quería ir a la Cova; pero cerca ya del mediodía, sintió un impulso
tan fuerte, que marchó animosa al sitio de las Apariciones.

Llegaron los niños y se pusieron junto al árbol, con dificultad, por la mucha gente. Lucía
dirigía el Rosario y todos los circunstantes lo rezaron de rodillas. A las doce en punto se
presentó la Virgen Santísima. ¿Qué queréis de mí? Insistió en que rezasen el Rosario, para
conseguir la paz y el fin de la guerra, en que no faltasen el día 13 del mes siguiente. En cuanto
a la guerra, dijo: Solamente Yo los puedo socorrer. Pidió Lucía que dijese quién era, e hiciese
un milagro. Estaban temerosos los pequeños. Respondió la Visión que en octubre diría su
nombre y haría un prodigio, para que todos creyesen.

Suplicó además Lucía que sanase a un lisiado, convirtiese a una familia de Fátima y
llevase al cielo a un enfermo de Atouguía. Al lisiado, dijo la Señora que no le sanaría, ni le
libraría de la pobreza; Ella sabía mejor lo que le convenía, que rezase todos los días el Rosario
en familia. Los demás, en el próximo año conseguirían lo que pedían, pero que rezasen el
Rosario. Sacrificaos por los pecadores, y decid con frecuencia al hacer algún sacrificio: ¡Oh
Jesús!, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados
cometidos contra el Inmaculado Corazón de María.

En este punto, sin darse cuenta, dio Lucía un ¡ay! Les confió un secreto con expresa
prohibición de manifestarlo. Fue lo que dio motivo al ¡ay! desgarrador. Nuestra Señora abrió las
manos. El haz de luz pareció que penetraba en la tierra.

Vimos como un gran mar de fuego, y en él sumergidos negros y broncíneos demonios
y almas en forma humana, que lanzadas a lo alto por las llamas, volvían a caer en todas
direcciones, como chispas de un gran incendio, sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de
horror y desesperación. Nos hacían estremecer de espanto. Los demonios se distinguían por
sus formas repugnantes y horribles, de animales espantosos y desconocidos; pero
trasparentes, como negros carbones en ascuas. Esta visión duró un instante. Gracias a la
Madre de Misericordia, que nos previno para ella diciéndonos qué iríamos al cielo; de otra
suerte hubiéramos muerto de terror.

Angustiados los niños, levantaron sus ojos a la que es consuelo de afligidos, como
pidiendo amparo en tamaño trance. Es cierto que aquel día desaparecieron del alma de los
pastores las dudas y zozobras acerca de las Apariciones, y recobraron la paz, que estaba un
tanto turbada en su alma.

Llena de bondad y tristeza, continuó la Virgen: Habéis visto el infierno, adonde van a
parar las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, el Señor quiere establecer en el
mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Si se hiciese lo que te diré, muchas almas se
salvarán, y vendrá la paz.

La guerra está para terminar (la de 1914-18), pero si no cesan de ofender al Señor, no
pasará mucho tiempo, en el Pontificado de Pío XI empezará otra peor. Cuando veáis una
noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la señal que te da Dios de que está
próximo el castigo del mundo por sus tantos delitos, mediante la guerra, el hambre y las
persecuciones contra la Iglesia y el Padre Santo. Para impedir eso vendré a pedir la
Consagración del mundo a mi Corazón Inmaculado, y la Comunión reparadora en los cinco
primeros sábados de mes. Si fuesen atendidas mis súplicas, Rusia se convertiría y habrá paz.
De otra suerte, una propaganda impía difundirá por el mundo sus errores, suscitando guerras y
persecuciones contra la Iglesia; muchos buenos serán martirizados y el Padre Santo tendrá
mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Ahora, después de tantas sombras, un
rayo de luz. Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará.

Le da a entender que desea la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de
María, la conversión de Rusia y la paz de que más tarde hablará. Creyó Lucía ver la gran señal
de que habla la Virgen, en lo que llamaron los astrónomos aurora boreal, y se verificó.

En la noche del 25 de enero de 1938 sucedió ese fenómeno en distintas partes del
mundo y con amplitud. Lucía cree ver en él la señal que precedía a la calamitosa guerra que se
acaba de presenciar. La llama horrible, horrible.

Por su parte Jacinta, de enero a febrero de 1920, como asegura la Superiora del
Orfelinato en que se encontraba la pequeña en Lisboa, decía: Si los hombres no se
enmiendan, Nuestro Señor enviará al mundo un castigo, como jamás se ha visto igual; y
primeramente en España; y habla de grandes acontecimientos mundiales que sucederían hacia
1940. (Carta del 19 y 30 de noviembre de 1947, escrita por la Superiora, que recogió a la niña
en los últimos días.)

La tercera aparición concluyó así:

No digáis esto a nadie. A Francisco podéis decírselo. Y añadió: Cuando recéis el
Rosario. decid al final de cada decena: ¡Oh Jesús!, perdónanos, líbranos del fuego del infierno,
lleva al cielo todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu misericordia.

Esto es lo que oyeron las dos niñas, Lucía y Jacinta. Por lo demás acojámonos al
Inmaculado Corazón de María para no perecer y desagraviémoslo cuanto podamos.

CUARTA APARICIÓN (13-8-1917)

En las apariciones se verificaba una disminución grande en la luz del sol, hasta el punto
de verse las estrellas al mediodía; eso todos lo notaban. La cuarta aparición tuvo otro matiz
debido a la intervención masónica. Sus periódicos empezaron a escribir contra los pastores.
Se trata, decían, de casos epilépticos, exageraciones, sugestiones y aun de especulaciones
con el milagro, como en Lourdes. Tales calumnias tuvieron efecto contraproducente. Hicieron
más públicos los prodigios de Fátima.

El día 13 de agosto había en la Cova de Iría unas quince mil personas. El alcalde de
Vila Nova de Ourem, que era jefe de una logia, quiso acreditarse entre los suyos. Se presentó
en Fátima, diciendo que quería ir a la Cova de Iría. Llegó a Aljustrel, habló con los padres de
los niños; llamó a éstos. Dijo que los llevaría en su coche; respondieron que no tenían
necesidad de eso. Eran como las doce. Al fin los llevó a Fátima a la parroquia. El señor
Párroco, don Manuel Marques Ferreira, en presencia del señor alcalde, ya mencionado, don
Arturo d’Oliveira Santos, advirtió a Lucía que si mentía haciendo tanto daño, iba al infierno.
Respondió la pequeña: Según eso, no voy al infierno, porque no miento, y si la gente va a la
Cova es por quererlo así; yo no he llamado a nadie.

La autoridad eclesiástica había ordenado proceder con mucha prudencia; de ahí la
conducta del señor Párroco.

- Si usted quiere, le pido permiso a la Señora para descubrirlo; entonces lo descubriré.
-¿Te ha dicho algún secreto la Señora? Insistió el señor Párroco en saberlo.
-¡Sí!, contestó Lucía.
El señor alcalde intervino:
- Esto es sobrenatural dijo -; vámonos.

Llevó a los niños a Vila Nova de Ourem y pasó la hora de la aparición. El alcalde
preguntó a los pequeños acerca del secreto, los amenazó, les ofreció oro, les quiso coger en
contradicción; todo inútil. La Virgen les había mandado guardar el secreto, y lo guardaban. Por
la mañana los tuvo en casa, a la tarde los llevó a la cárcel pública. Jacinta lloraba y decía a su
prima: Yo quiero ver a mi madre. Tenemos que morir sin volver a abrazar a nuestros padres.

-No llores - dijo Francisco -; ofrezcamos esto por los pecadores. Y juntando las manos,
añadió: ¡Oh Jesús!, por nuestro amor y por la conversión de los pecadores. Y por el Santo
Pudre - prosiguió Jacinta -, y para reparar las ofensas que recibe el Inmaculado Corazón de
María.

Presenciaban los presos la escena y rogaban a los pastores que descubriesen el
secreto. Antes morir, contestó Jacinta. Y acordándose que no había rezado el Rosario, cogió
una medalla y le pidió a uno de los encarcelados la pusiese en la pared. Los presos,
arrodillados, rezaron el Rosario con los niños. Llevados nuevamente a la Alcaldía, les dicen
que los freirán en aceite hirviendo si no revelan el secreto. Lo hacían por atemorizarlos; pero
los pequeños creían que era de veras la amenaza. Rezaron y no descubrieron el secreto. En
fin, viendo que era inútil la violencia, el mismo alcalde los llevó a Fátima el día 15 y los dejó en
la Casa Parroquial.

El 19 de agosto, domingo, apacentaba Lucía su rebaño en los Valiños. La
acompañaban Francisco y un hermano de éste llamado Juan. El aire se colora, como en los
días de las Apariciones; Lucía ve el relámpago; va Juan a llamar a Jacinta. Al poco tiempo ven
a la Virgen en un árbol, como antes. Se quejó la Madre de Dios del que les había impedido ir el
día 13 a la Cova de Iria, y dijo que por eso sería menor el milagro prometido para octubre. Los
exhortó a rezar el Rosario y a ir a la Cova los dos meses siguientes el día 13, a la hora
señalada. Rogad, rogad mucho y haz sacrificios por los pecadores. Muchas almas se van al
infierno, porque no hay quien se sacrifique ruegue por ellas.

Algún dinero que había de ofrendas, dijo la Virgen que se emplease en comprar dos
andas que llevarían Lucía y Jacinta con otras dos niñas, y Francisco v otros tres niños,
revestidos de un manto blanco. Lo restante se invirtiese en la fiesta de Nuestra Señora del
Rosario y en una capilla.

Se puede preguntar por qué el pueblo no se enojó contra el alcalde de Vila Nova de
Ourem, al llevarse a los niños el día 13. Si la Virgen Santísima no hubiera intervenido, aquella
muchedumbre de quince mil personas hubiera mostrado su indignación; pero la Virgen acudió
el día 13 al lugar de la Aparición, aunque la muchedumbre no la vio. Los que estaban en la
Cova de Iría, oyeron el trueno que precedía a las Apariciones y vieron las nubes matizadas con
los colores del arco iris, y las hojas de los árboles como si fueran flores. Así lo atestiguó
también el señor Párroco Manuel Marques.

Desde el día 19, las familias de los pastores empezaron a ver que éstos tenían razón,
pero se les aumentó el sufrimiento, porque las gentes empezaron a no darles reposo con
visitas y preguntas a todas horas.

QUINTA APARICIÓN(13 - 9 -1917)

El haber sido encarcelados los pastores fue causa de que se extendiese más la noticia,
de lo que pasaba en Fátima. También muchos se convencieron de la intervención sobrenatural,
viendo la firmeza y heroica constancia de los pequeños. Aunque era tiempo de vendimia, había
como veinte mil personas en la Cova de Iría. Costó mucho trabajo a los niños ir allí. Muchos se
arrodillaban a su paso, encomendándoles peticiones. Se pusieron cerca de la encina. Lucía
ordenó a la muchedumbre que rezara el Rosario. Al llegar la Virgen, todos cayeron de rodillas,
llorando y rezando en alta voz. Pedían el auxilio de la Madre de Dios. Una vez más recomendó
a los niños la devoción del Rosario y prometió que en el mes siguiente aparecerían el Niño
Jesús y San José, y que el Señor bendeciría a Portugal.

En los momentos de las Apariciones disminuía la luz del sol, de modo que podían verse
la luna y las estrellas, y tomaba la atmósfera como un tinte dorado. El espectáculo de este día
lo contemplaba, entre otras personas dignas, el Rvdmo. Vicario General de Leiría.

SEXTA APARICIÓN

Había en Aljustrel, aldehuela donde nacieron los niños, enorme expectación para el día
13 de octubre de 1917. La víspera había gente en la Cova de Iría venida de todas las regiones
de Portugal. Las familias de los niños temían; pero ellos estaban seguros. La Virgen -repetíancumplirá
lo que nos ha prometido. - Hija - dijo a Lucía su madre -, vamos a confesarnos porque
si no hay milagro, la gente nos mata. - Vamos, pero no por ese motivo –contestó.

Amaneció triste y lluvioso el 13 de octubre, y la gente aumentaba. Habían venido
también de Oporto, Coimbra y Lisboa. Había en la Cova de Iría unas setenta mil personas. El
suelo estaba como un charco de barro. Llegan los pastores a las once y media con dificultad
por el gentío. Van vestidos como en los domingos. Se colocan junto al árbol, del que no queda
sino un tronco. Lucía manda cerrar los paraguas. La multitud obedece, y reza el Rosario. A las
doce en punto, la niña hace un gesto y queda hermoso. Los circunstantes por tres veces ven
formarse alrededor de los niños una nube blanca, como de incienso que sube por el aire. La
emoción es indecible.

-¿Quién sois Ti, y qué queréis de mí?, pregunta Lucía. La Visión responde que es
Nuestra Señora del Rosario. Desea que en aquel sitio se le haga una Capilla. Que continuasen
rezando el Rosario todos los días, que la guerra estaba para terminar y que los soldados
volverían pronto a sus casas. Es necesario que las gentes se enmienden y pidan perdón de
sus pecados. En seguida, con acento triste y suplicante, añadió:

No ofendan más a Nuestro Señor. ¡Que ya es demasiado ofendido!; abrió las manos
que reverberaban en el sol.

Lucía señaló el sol, diciendo: ¡Mirad hacia el sol! Los ojos de los presentes se volvieron
al sol; cesó la lluvia y se rasgaron de repente las nubes. Apareció el astro como un disco de
plata. Se le podía mirar con fijeza y su luz no quemaba. Comenzó a dar vueltas con vertiginosa

rapidez, como una rueda de fuego. Lanzaba el sol luz roja, azul, verde y amarilla, luz rosada.
Matizaba las nubes y la tierra, los árboles y las rocas; matizaba la muchedumbre, que apenas
respiraba. Mientras tanto se para el sol unos instantes y gira después con la misma velocidad.

Por tercera vez envía reflejos de luz, cuando de repente nota la multitud que el astro se
desprende del firmamento y viene sobre ella. Un grito de terror se escucha y voces que
claman: ¡Milagro! ¡Creo en Dios! ¡Ave María! Caen todos de rodillas en el barro y rezan en voz
alta el acto de contrición. Para que el prodigio fuera completo, notaron los que allí estaban que
sus vestidos, empapados poco antes por la lluvia, de repente se habían secado.

La Virgen había prometido a los niños que en octubre vendría San José y el Niño
Jesús. Se extendían sobre el gentío haces de rayos con los reflejos del arco iris. Un inmenso
tapiz de color gualda, azul y escarlata cubría a la muchedumbre y tina columna de humo se
levantaba a tres o cuatro metros del suelo; tres veces se repitió este fenómeno maravilloso por
espacio de diez minutos. Mientras sucede este magnífico espectáculo, la Santísima Virgen
cumple su palabra a los pastores.

Sube la Madre de Dios como envuelta en un globo de luz, y en la lejanía se aparece
junto al sol la Sagrada Familia. Con luz más resplandeciente que la del astro, aparece la Virgen
vestida de blanco y un manto azul; a la izquierda están San José y el Niño, que bendicen al
mundo formando la cruz con la mano al bendecirlo. Desaparece la visión; pero de nuevo se
presenta a Lucía Nuestro Señor, que bendice al pueblo. Dos veces además se muestra
Nuestra Señora como Dolorosa y como Virgen del Carmen.

Aparece en edad muy joven y recuerda así los misterios Gozosos. Se manifiesta como
Dolorosa, recordando la Pasión; como Virgen del Carmen haciéndonos pensar en la gloria.
¡Cuánto desea que recemos el Rosario!

MENSAJE DE FÁTIMA PRACTICADO POR LA VIRGEN

Como se ve por las apariciones referidas, la Virgen trae un mensaje al mundo. Desea
salvar las almas, precio de la sangre de su Hijo. He aquí lo que pide y los medios que da para
conseguirlo. No se olvide que nos habla la Madre de misericordia.

Pide la penitencia, la cual consiste en que cada uno guarde los mandamientos y
cumpla con los deberes de su estado. Quiere que tengamos devoción a su Corazón
Inmaculado, propaguemos esa devoción y amemos al Papa; cosas tan provechosas como
dulces y que fácilmente nos enriquecen con multitud de gracias.

Demanda reparación y desagravios por las ofensas que recibe su Corazón Purísimo,
herido de espinas; desea la Consagración del mundo y la de Rusia a su Corazón. Nos presenta
los atractivos de su Corazón materno que está herido por la ingratitud, y es nuestro refugio.

En la segunda aparición, dice la Virgen a Lucía: Yo no te abandonaré jamás. No
estarnos los demás ajenos a esta promesa. La Señora habló también así a la pequeña: Jesús

quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Es su voluntad establecer en el mundo la
devoción a mi Corazón Inmaculado. Al que la abrace le prometo la salvación.

Los medios que propone en el Mensaje son: La comunión reparadora de los primeros
sábados, la Consagración a su Corazón, la oración y sacrificios por los pecadores v el rezo
diario del santo Rosario. Desea la Virgen se rece en familia.

La paz nos vendrá por el Rosario; la restauración de las costumbres, por el Rosario; la
vida sobrenatural por María y su Rosario.

Con insistencia pide María se rece el Rosario en familia. Por algo será. La paz está en
la imitación de la Sagrada Familia, que nos enseña a orar y a sacrificarnos por nuestros
prójimos. Eso restablece la concordia entre las clases sociales.

Con voz maternal, dolorida e insinuante nos pide que volvamos a la práctica de la vida
cristiana. En la potente intercesión de María han depositado los pontífices sobre todo desde
León XIII hasta Juan Pablo II su confianza para conseguir la paz. La paz de las almas, la paz
de las armas. La paz individual. La paz social.




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Libro de otras Oraciones:
DEVOCION A LA VIRGEN DEL CARMEN Y A SU SANTO ESCAPULARIO

ASÍ NACIÓ EL CARMELO

A finales del siglo XII algunos cruzados europeos que habían ido a Tierra Santa, se
quedaron en el Monte Carmelo, bañado por el Mar Mediterráneo y formando parte de Galilea.
Allí trataron de imitar al Profeta San Elías a quien siempre los carmelitas han tenido como
Padre espiritual y eligieron como Señora del Lugar, con toda la carga de patronazgo y
dedicación que esto significaba en la Edad Media, a la Santísima Virgen María. Los
documentos primeros de la Orden hablan de una capilla dedicada a Ella y de que nacieron
para darle culto e imitar sus virtudes. El pueblo captó muy pronto este patronazgo y les llamó
Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. Este aún hoy es el título
oficial de la Orden, aunque por razón de brevedad y teniendo en cuenta el lugar donde
nacieron - el Monte Carmelo - el pueblo les llama carmelitas. El Papa Honorio III en 1226
aprobó su Regla que han observado durante más de siete siglos y medio muchos santos y
santas. A finales del siglo XIII se vieron obligados a emigrar a Europa y se extendieron por
diversas partes.

EL CARMELO FUE CRECIENDO

Al llegar a Europa pronto se entregaron al apostolado, al estudio y a su vida de oración,
tratando de vivir al unísono con los problemas de la Iglesia. A pesar de ello la Orden del
Carmen nunca se olvidó de sus orígenes que fueron puramente contemplativos y de su
dedicación a vivir y extender el culto y devoción a la Santísima Virgen María, que formaba parte
esencial de su misma existencia.

EL SANTO ESCAPULARIO

Al venir a Europa los carmelitas encontraron muchas dificultades y el Superior General
de la Orden, San Simón Stock, acudía con angustia y fervor a la Santísima Virgen. La
Santísima Virgen no hizo el sordo a sus plegarias. Se le apareció y mostrándole el Santo
Escapulario de su Orden del Carmen le hizo esta promesa: Este será el privilegio para ti y
todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego del infierno, es decir, el que
con él muriere se salvará.Esta gran promesa la ha aprobado la Iglesia en múltiples ocasiones.
El Escapulario del Carmen es el signo externo de devoción mariana, que consiste en la
consagración a la Santísima Virgen María.

LA DEVOCIÓN DEL ESCAPULARIO

El Escapulario tiene un valor propio y específico entre los demás signos o formas de
devoción mariana, ya que aquí no se trata de una devoción meramente exterior o distinta, sino
interna y constitutiva; y no como un acto de simple devoción, sino como un estado de perfecta
devoción y consagración a María. El Papa Pío XII en la Carta Neminem profecto latet,
decía:Entre las devociones que los cristianos dedican a honrar a María debe colocarse, ante
todo, la devoción del Escapulario de los carmelitas. Y en esta misma Carta recomendaba el
Papa a todos los que forman parte, por un especial vínculo de amor como una misma familia
con los carmelitas que veamos en el Escapulario como un MEMORIAL DE TODAS LAS
VIRTUDES DE MARÍA.

Reconozcan - dice el Papa- en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y
castidad. Vean, en forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor. Vean,
sobre todo, en esta librea que visten día y noche, significada, con simbolismo elocuente, la
oración con la cual invocan el auxilio divino. Reconozcan, por fin, en ella, su consagración al
sagrado Corazón de la Virgen, por Nos recientemente recomendada (11-2-1950).

PROTECCIÓN MATERNAL DEL ESCAPULARIO

No hay duda que su gran extensión entre el pueblo cristiano hasta el extremo de que el
cardenal Gomá lo llamara universal como la misma Iglesia se debe a muchos motivos. No es
el último su profundo y rico simbolismo mariano, sus grandes privilegios y la particular
asistencia que siempre ha demostrado la Santísima Virgen hacia aquellos que vistiéndolo la
han honrado con devoción. He aquí algunas razones de su valor espiritual:

En primer lugar por su rico simbolismo: Ser hijo de María, ver en él todas las virtudes
de María, ser símbolo de nuestra consagración filial a la Madre Amable.
Por morir en gracia de Dios quien lo vista piadosamente.
Porque saldrá del Purgatorio cuanto antes quien muera piadosamente con él, según
la Promesa de la Virgen.
MI LEMA = MI VIDA “Jesús-María: ayudadme a mejor conoceros, amaros, imitaros e
irradiaros”.

Conocer a Jesús y a María: Nadie ama lo que no conoce. Es necesario leer buenos
libros sobre ELLOS. La lectura v la reflexión sobre ELLOS me ayudará a vivir las otras tres
partes de mi lema. El conocimiento es la semilla del amor y de la imitación. “El que ignora no
desea”, decían los antiguos.
Amar a Jesús y a María: Si conozco su vida y su obra y cuanto dicen la Palabra de
Dios, el Magisterio de la Iglesia y la sana Tradición sobre ELLOS… no podré menos de
amarles. Mi amor será afectivo: “¡Jesús, te amo! ¡María, soy tu hijo!”. Pero sobre todo será
efectivo, de obras. Recordaré lo que decía Jesús: “No todo aquel que dice…” (Mc 7, 6). “Este
pueblo me honra con sus labios…” (Mt 7, 21).

Imitar a Jesús y a María: El amor para que sea verdadero debe acabar en imitación.
Cuando se ama de veras se quiere ser igual que el ser amado. Jesús y María son los
modelos que debo copiar, el “ideal” al que debo aspirar. Les imitaré si vivo el Evangelio. Si
cumplo los Mandamientos. Si obedezco a la Iglesia. Debo imitarles, sobre todo, en la caridad,
humildad, alegría, servicio, pureza, oración, trabajo, fiel cumplimiento de mi deber…
Irradiar a Jesús y a María: Es decir, ser apóstol de Jesús y de María. Si les conozco,
les amo y les imito, lógicamente querré que también otros lo hagan. Seré apóstol con la palabra
y con la pluma, pero, sobre todo, con el buen ejemplo siempre y en todas partes.
Esta debe ser mi jaculatoria, mi súplica ardiente, mi aspiración de día y de noche. Mi
deseo de niño, de joven o adulto. Si me esfuerzo, Jesús y María me ayudarán a alcanzar la
gracia de vivir este “lema”.
SI DESEAS QUE TE SEA IMPUESTO EL ESCAPULARIO DEL CARMEN
INFÓRMATE EN LA IGLESIA DE LOS PADRES CARMELITAS DE TU LOCALIDAD O CON
ALGÚN SACERDOTE DE TU CONFIANZA.




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