Libro de otras Oraciones
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Libro de otras Oraciones:
Oración para pedir Luz

Bienaventurado Ángel San Gabriel, te pido me ilumines con tu radiante luz, para que yo descubra cada día con más claridad cuáles son los obstáculos que se oponen en mi camino; y que me fortalezcas con tu gracia.




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Libro de otras Oraciones:
A San Antonio de Padua

Oh blanca azucena de pureza,

oh estrella resplandeciente de santidad,
dulce refugio de quien a ti recurre:
san Antonio, que tuviste la gran suerte
de tener al Niño Jesús entre los brazos,
a ti me encomiendo con todo afecto,
y te ruego que me tomes también con amor
bajo tu santa y serena protección.




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Libro de otras Oraciones:
Trinidad Santa, te adoramos

¡Luz es el Padre!
¡Luz de luz es el Hijo!
¡Luz es el Espíritu Santo,
fuego en nuestros corazones!
¡Trinidad Santa, te adoramos!
Amor es el Padre. Gracia es el Hijo.
Comunión es el Espíritu Santo.

¡Trinidad Santa, te adoramos!
Fuente es el Padre.
Don es el Hijo.
Efusión es el Espíritu Santo.
¡Trinidad Santa, te adoramos!
Poder es el Padre. Sabiduría es el Hijo.

Bondad es el Espíritu Santo.
¡Trinidad Santa, te adoramos!
Pensamiento es el Padre. Palabra es el Hijo.
Gemido es el Espíritu Santo.
¡Trinidad Santa, te adoramos!




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Libro de otras Oraciones:
Oración a San Rafael para el matrimonio

Bendito San Rafael, tú que auxiliaste a Tobías, te pido que mantengas la unidad de mi matrimonio, llenando nuestras vidas de amor, comprensión y ternura, y borres para siempre jamás, los sinsabores, las dudas, los celos y otras miserias humanas.




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Libro de otras Oraciones:
Dame un corazón sencillo

Espíritu Santo, dame un corazón sencillo
que no se repliegue sobre sí mismo a regustar
sus propias tristezas, un corazón magnánimo en darse, fácil a la compasión; un corazón fiel y generoso, que no olvide ningún bien recibido, ni guarde rencor por ningún mal.

Forma en mí un corazón dulce y humilde,
pronto a perdonar, capaz de soportar mansamente todas las contrariedades, un corazón que ame sin exigir ser
correspondido, contento de desaparecer en los otros
corazones, sacrificándose en presencia del Padre
celestial; un corazón grande e indomable,
tal que ninguna ingratitud sea poderosa a
cerrarlo ni a cansarlo ninguna indiferencia, un corazón atormentado por la gloria de
Jesucristo, herido por su amor con una llaga que no
cicatrice sino en el Cielo.




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