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ORO
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  6. Oracion a San Judas Tadeo - 2 respuestas
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Libro de otras Oraciones:
QUINCE MINUTOS ANTE JESÚS SACRAMENTADO

No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames
mucho. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, como
hablarías a tu madre, o a tu hermano.

¿Necesitas hacerme en favor de alguien alguna súplica cualquiera? Dime su nombre,
bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras
hiciese yo actualmente por ellos. Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir; me gustan los
corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos para atender a las
necesidades ajenas.

Háblame, así, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar; de
los enfermos a quienes ves padecer; de los extraviados que anhelas volver al buen camino; de
los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra siquiera;
pero palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido
escuchar toda súplica que salga del corazón, y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me
dirijas por aquellos que tu corazón más especialmente ama?

¿Y para ti no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, como una lista de tus
necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes orgullo, amor a la
sensualidad y al regalo, que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente…, y pídeme luego que
venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para sacudir de encima de ti
tales miserias.

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos y tantos justos, tantos y tantos
santos de primer orden que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad… y
poco a poco se vieron libres de ellos.

Ni menos vaciles en pedirme bienes del cuerpo y del entendimiento: salud, memoria,
éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios… Todo eso puedo darte, y lo doy y deseo me lo
pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué
necesitas? ¿Qué puedo hacer por tu bien? ¡Si conocieses los deseos que tengo de favorecerte!

¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente.
¿Qué te preocupa?, ¿qué piensas?, ¿qué deseas?, ¿qué puedo hacer por tu hermano, por tu
hermana, por tu amigo, por tu superior? ¿qué desearías por ellos?

Y por mí, ¿no te sientes con deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien
a tus prójimos, a tus amigos a quienes amas tal vez mucho y que viven quizá olvidados de mí?

Dime: ¿qué cosa llama hoy particularmente tu atención?, ¿qué anhelas más vivamente
y con qué medios cuentas para conseguirlo? Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las
causas del mal éxito. ¿No quisieras interesarme algo en tu favor?

Soy, hijo mío, dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su
libertad, donde me place.

¿Sientes acaso tristeza o malhumor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus
tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió?, ¿quién lastimó tu amor propio?, ¿quién
te ha menospreciado? Acércate a mi corazón, que tiene bálsamo eficaz para todas estas
heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de
mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago… recibirás mi consoladora bendición.

¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser
injustificadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy,
aquí, a tu lado me tienes; todo lo oigo, ni un momento te desamparo. Sientes desvío de parte
de personas que antes te quisieron bien, y ahora, olvidadas, se alejan de ti, sin que les hayas
dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado si no han de ser obstáculo a
tu santificación.

¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme? ¿Porqué no me haces partícipe
de ella como buen amigo tuyo que soy? Cuéntamelo lo que desde ayer, desde la última visita
que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido agradables
sorpresas; quizá has visto disipados negros recelos, has recibido faustas noticias, una carta,
una muestra de cariño; has vencido una dificultad, salido de un lance apurado… Obra mía es
todo esto, y yo te lo he proporcionado; ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y
decirme sencillamente como un hijo a su padre: gracias: padre mío, gracias? El agradecimiento
trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.

¿Tampoco tienes promesa alguna que hacerme? Leo, ya lo sabes, el fondo de tu
corazón: a los hombres se engaña fácilmente; a Dios, no; háblame, pues, con toda sinceridad.
¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado?, ¿de privarte
de aquel objeto que te dañó?, ¿de no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación?, ¿de no
tratar más a aquella persona que turbó la paz de tu alma?

¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte
faltado, miraste hasta hoy como enemiga?

Ahora bien, hijo mío, vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu taller, a tu familia, a tu
estudio…, pero no olvides la grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad
del santuario. Guarda en lo que puedas silencio; modestia, recogimiento, resignación, caridad
con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es tuya también, la Virgen Santísima… y vuelve otra
vez a mí con el corazón más amoroso todavía, más entregado a mi servicio: en el mío
encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.




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Libro de otras Oraciones:
PROMESAS DEL SAGRADO CORAZÓN A STA. MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

1. Daré a las almas consagradas a mi Corazón las gracias necesarias para su estado.
2. Daré paz a sus familias.
3. Las consolaré en todas sus aflicciones.
4. Seré su amparo seguro durante la vida y principalmente en la hora de la muerte.
5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
6. Los pecadores encontrarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la
misericordia.
7. Las almas tibias se volverán fervorosas.
8. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.
9. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón estará expuesta y venerada.
10. Daré a los sacerdotes la gracia de remover los corazones insensibles.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi
Corazón y nunca será borrado de él.
12. A todos los que comulguen los nueve primeros viernes de mes, prometo, en la
excesiva misericordia de mi Sagrado Corazón, que su amor todopoderoso concederá la gracia
de la perseverancia final, no muriendo en mi desgracia y sin recibir los Sacramentos, siéndoles
mi Corazón divino su refugio seguro en el último momento.




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Libro de otras Oraciones:
PRECES POR LOS DIFUNTOS

PLEGARIA 1

Oremos a Dios, Padre todopoderoso, que ha resucitado a Jesucristo de entre los
muertos y vivificará también nuestros cuerpos mortales, y digámosle:

Señor, danos la vida en Cristo.

Padre santo, ya que por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo en la muerte y
con él hemos resucitado, haz que de tal forma andemos en vida nueva, que, aun después de
nuestra muerte, vivamos para siempre con Cristo.

Padre providente, que nos has dado el pan vivo bajado del cielo, para que lo comamos
santamente, haz que al comerlo tengamos vida eterna y resucitemos en el último día.

¡Oh Señor, que contemplas cómo caminamos desterrados y lejos de ti guiados sólo por
la fe!, haz que después de nuestra muerte podamos contemplarte con alegría en la visión de tu
gloria.

¡Oh Señor, que enviaste un ángel para que confortara a tu Hijo en la agonía de
Getsemaní!, dígnate consolarnos en nuestro tránsito con la dulzura de tu esperanza.

Tú, que libraste a los tres jóvenes del fuego ardiente, libra también a las almas de los
difuntos del castigo que sufren por sus pecados.

Dios y Señor de vivos y de muertos, que resucitaste a Cristo del sepulcro, resucita
también a los difuntos, y a nosotros danos un lugar junto a ellos en tu gloria.

Padre nuestro…

PLEGARIA 2

Oremos al Señor Jesús, que transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso
como el suyo, y digámosle:

Tú, Señor, eres nuestra vida y nuestra resurrección.

¡Oh Cristo, Hijo de Dios vivo, que resucitaste de entre los muertos a tu amigo Lázaro!,
lleva a una resurrección de vida a los difuntos que rescataste con tu sangre preciosa.

;Oh Cristo, consolador de afligidos, que ante el dolor de los que lloraban la muerte de
Lázaro, del joven de Naín y de la hija de Jairo, acudiste compasivo a enjugar sus lágrimas,
consuela también ahora a los que lloran la muerte de sus seres queridos.

Oh Cristo, Salvador!, destruye en nuestro cuerpo mortal el dominio del pecado por el
que merecimos la muerte, para que obtengamos en ti la vida eterna.

¡Oh Cristo, Redentor!, mira a los que, por no conocerte, viven sin esperanza, para que
crean también ellos en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro.

Tú, que al dar la vista al ciego de nacimiento hiciste que pudiera mirarte, descubre tu
rostro a los difuntos que todavía carecen de tu resplandor.

¡Oh Cristo, siempre vivo para interceder por nosotros y por todos los hombres!,
enséñanos a ofrecer el sacrificio de la alabanza por los difuntos para que sean absueltos de
sus pecados.

Tú, Señor, que permites que nuestra morada corpórea sea destruida, concédenos una
morada eterna en los cielos.

Padre nuestro…




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Libro de otras Oraciones:
PARA VIVIR ALEGRE, DA GRACIAS

Sed agradecidos. Sed siempre agradecidos con Dios” (San Pablo)

GRACIAS SEÑOR, por todo cuanto me has dado por los días de sol y los nublados
tristes por las tardes tranquilas y las noches oscuras

GRACIAS, por la salud y la enfermedad por las penas y las alegrías por todo lo que
me prestaste y luego me pediste

GRACIAS SEÑOR, por la sonrisa amable y por la mano amiga por el amor, por todo lo
hermoso y por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños, de los
viejos y de las almas buenas.

GRACIAS, por la soledad, por la compañía. por el trabajo, por las inquietudes, por las
dificultades y las lágrimas, y por todo lo que me acercó a TI.

GRACIAS, por haberme conservado la vida y por haberme dado techo, abrigo y
sustento.

GRACIAS SEÑOR, por lo que TU quieras darme, yo te pido FE… para mirarte en todo,
ESPERANZA para no desfallecer y CARIDAD … para amarte cada día mas y para hacerte
amar de los que me rodean. Concédeme paciencia, humildad, desprendimiento, generosidad,
tolerancia y mucho amor para con el prójimo. Que tenga un corazón amable, el oído atento a
tus mensajes, las manos abiertas para dar y la mente activa para pensar bien; que siempre
esté dispuesto a hacer tu santa voluntad.

DERRAMA SEÑOR TUS BENDICIONES SOBRE TODOS LOS QUE AMO, Y
CONCEDE TU PAZ AL MUNDO ENTERO. QUE TU SANTO NOMBRE SEA BENDECIDO HOY
PARA SIEMPRE. AMEN

GRACIAS SEÑOR GRACIAS




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Libro de otras Oraciones:
PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN

Para una buena confesión es necesario:

- el examen de conciencia, para poner toda tu vida a la luz del Evangelio;
-el dolor de los pecados (contrición), por haber ofendido a Dios;
- el propósito de la enmienda, porque quieres cambiar de vida, convertirte, con la gracia
de Dios;
- la confesión de los pecados al sacerdote: expones todos tus pecados con sencillez y
sinceridad;
- la satisfacción: cumplir la penitencia, reparar el daño causado al prójimo, restituir lo
robado (bienes, fama…)
Examen de conciencia

Es necesario confesar los pecados graves, o “mortales”, que son los que tienen como
objeto una materia grave (contra los Mandamientos), se cometen con pleno conocimiento y
consentimiento deliberado. Sin embargo, para una más profunda y progresiva conversión, será
bueno que también te arrepientas y confieses tus pecados veniales. A continuación tienes un
cuestionario (que incluye virtudes y defectos) para ayudarte a examinar tu conciencia.

Primer Mandamiento

¿Tengo a Dios por encima de todo y trato de aumentar mi fe y mi amor a Dios? ¿He
admitido en serio dudas contra las verdades de la fe? ¿He negado alguna verdad de fe? ¿He
recibido indignamente algún sacramento? ¿He leído, visto o divulgado alguna publicación
contraria a la fe católica? ¿He desesperado de mi salvación o he abusado de la confianza en
Dios para pecar tranquilamente? ¿He hablado irreverentemente de las cosas y personas
sagradas? ¿He practicado la superstición, el espiritismo y cosas semejantes?

Segundo Mandamiento

¿He blasfemado? ¿He pronunciado palabras injuriosas contra Dios, la Virgen María, los
santos o las cosas sagradas, incluso delante de otros? ¿He dejado de cumplir culpablemente
algún voto o promesa? ¿He pronunciado el santo nombre de Dios sin respeto e
irreverentemente? ¿He jurado con mentira o sin necesidad?

Tercer Mandamiento (y Mandamientos de la Iglesia)

¿He santificado el domingo, asistiendo consciente y devotamente a la celebración de la
Eucaristía y guardando el descanso sagrado? ¿Dedico el domingo a la familia, a obras de
caridad, a cultivarme espiritual y humanamente? ¿Acepto con docilidad lo que me enseña la
Iglesia? ¿Cumplo sus mandamientos?

Cuarto Mandamiento

¿Honro a mis padres con el amor, el respeto y la obediencia, o los maltrato y hago
sufrir con mi conducta, mi soberbia, mi egoísmo o malos tratos? ¿Ayudo a mis padres en sus
necesidades, enfermedad, ancianidad? ¿He reñido con mis hermanos, no me hablo con alguno
de ellos, les tengo envidia o les he dado mal ejemplo? Los padres habrán de preguntarse si

tratan bien a sus hijos, les dan ejemplo, cuidan de su formación cristiana… Y los esposos, si
toman en serio el amor conyugal.

Quinto Mandamiento

¿Tengo odio, rencor o enemistad con alguien? ¿He deseado algún mal a mi prójimo?
¿He tratado mal a alguien con envidia, ira, desprecio, burla? ¿He escandalizado a otros,
induciéndolos al mal? ¿He causado algún mal físico a otros? ¿He quitado la vida a alguien, en
todos los sentidos? ¿He abortado o colaborado en aborto o eutanasia? ¿He conducido
imprudentemente el coche o la moto? ¿He atentado contra mi vida? ¿Me he dejado llevar de la
gula? ¿He tomado drogas, o alcohol en exceso? ¿He corregido evangélicamente al prójimo,
para que evite los peligros físicos o espirituales?

Sexto y noveno Mandamientos

¿Me he entretenido en pensamientos, deseos o recuerdos impuros? ¿He guardado
debidamente la vista y demás sentidos? ¿He cometido -o deseado- alguna acción impura: solo

o con otros, de distinto o del mismo sexo, parientes, consagrados, menores de edad? ¿Me he
puesto en peligro consciente de pecado: diversiones, lecturas, espectáculos, páginas
indecentes de intemet? ¿Tengo amistades peligrosas? ¿Guardo la debida castidad en el
noviazgo o en el matrimonio?
Séptimo y décimo Mandamientos

¿He robado alguna cosa o cantidad de dinero? ¿Lo he devuelto? ¿Cumplo fielmente
mis deberes sociales: impuestos, seguros, votaciones, etc.? ¿Me tomo en serio el precepto
divino del trabajo, que para algunos se concreta en el estudio? ¿Reacciono como cristiano
contra abusos e injusticias que perjudican a los más débiles? ¿He apoyado programas, de
acción social o política, inmorales y anticristianos? ¿Contribuyo con mis bienes a las
necesidades de la Iglesia y de los pobres?

Octavo Mandamiento

¿He mentido? ¿He reparado el daño derivado de mis mentiras? ¿He criticado a otros,
descubriendo faltas graves? ¿He violado la intimidad de otros: correspondencia,
conversaciones, secretos? ¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo? ¿Los he
comunicado a otra persona? ¿He rectificado ese juicio erróneo? ¿He calumniado a otros
atribuyéndoles algo que es falso? ¿He reparado o estoy dispuesto a reparar esa calumnia?
¿Soy consciente de que, por encima de las diferencias ideológicas o políticas que dividen, está
el amor cristiano que ama al adversario?




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