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······· Pide Oraciones ·······

Libro de otras Oraciones:
ORACIÓN DEL ENFERMO

¡Oh Dios!, de mi debilidad y mi fortaleza,
de mi tristeza y de mi alegría,
de mi soledad y compañía,
de mi incertidumbre y esperanza.
En la noche de mi enfermedad
me pongo en tus manos de Padre:
Alumbra esta oscuridad con un rayo de tu Luz,
abre una rendija a mi esperanza,
llena con tu Presencia mi soledad.
Señor, que el sufrimiento no me aplaste,
para que también ahora
sienta el alivio de tu Amor
y sea agradecido a la generosidad
de cuantos sufren conmigo.
Amén




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Libro de otras Oraciones:
ORACIÓN DEL AUTOMOVILISTA (conductor)

Dame, Señor, mano firme y mirada vigilante, para que mientras conduzco no cause
daño a nadie.

A ti, Señor, que das la vida y la conservas, te suplico humildemente que guardes hoy
mi vida.

Libra, Señor, a quienes me acompañan, de todo mal, enfermedad, incendio o
accidente.

Enséñame a hacer uso de mi coche para remedio de las necesidades ajenas.

Haz, Señor, que no me arrastre el vértigo de la velocidad, y que, admirando la belleza
de este mundo, logre seguir y terminar felizmente mi camino.

Te lo pido, Señor, por los méritos de tu Santísima Madre, y por intercesión de San
Cristóbal, especial protector de los conductores. Amén.




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Libro de otras Oraciones:
ORACIÓN DE UNA RELIGIOSA ANCIANA

Señor, tú sabes mejor que yo que me estoy haciendo vieja y que un día, pronto, yo
estaré incluida entre los “ancianos”.

Guárdame del fatal hábito de creer que yo tengo algo que decir a propósito de todo y
en toda ocasión.

Líbrame del obsesivo deseo de poner en orden los asuntos de los demás.

Hazme reflexiva pero no malhumorada, servicial pero no arbitraria.

Me parece que es una lastima que no sean utilizados los valiosos recursos de mi
sapiencia. Pero tú sabes, Señor… que me agradaría conservar algunos amigos. Refréname
para que no me extienda en la mención de infinitos detalles.

Dame alas para alcanzar el final.

Sella mis labios acerca de mis achaques y dolores aunque ellos se incrementen cada
día y que me resulte mas dulce cada día el referirlos, a medida que pasan los años.

No me atrevo a pedirte tanto como que llegue a disfrutar oyendo recitar los achaques y
dolores de los otros pero ayúdame a soportarlo cuanto menos con paciencia. No me atrevo a
reclamar que me des mejor memoria, pero sí que me des una creciente humildad y menos
presunción cuando mi memoria se enfrente con la de los demás. Enséñame la gloriosa lección
de que puede suceder que algunas veces yo esté equivocada.

Guárdame Señor. Yo no tengo grandes deseos de santidad: ¡hay algunas santas
personas con las que resulta tan difícil convivir! Pero una persona vieja llena de amargura es
seguramente una de las invenciones supremas del diablo.

Hazme capaz de percibir lo que hay de bueno allí donde no esperaba encontrarlo, y de
reconocer talentos en gente en la que los otros no los habían visto y dame gracia para
decírselo así. Amén.




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Libro de otras Oraciones:
ORACIÓN DE UN PADRE

Padre nuestro:
te pido por mis hijos, tus hijos, los que tu me has dado.
Haz que les santifique con mi vida, con mi trabajo, con mi consejo.
Reine en sus corazones tu paz, tu amor y tu bendición.
Hágase tu voluntad sobre ellos, y no la mía, si no es como la tuya.
Ayúdame a ganar el pan para sus cuerpos,
enséñame a dar tu alimento a sus almas.
Que se amen y se perdonen entre sí,
para que así les perdones tú sus flaquezas.
Líbrales de todo mal, sobre todo del que no ven ni temen.
Padre nuestro: que sea yo un buen padre.




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Libro de otras Oraciones:
ORACIÓN POR MEDIO DEL PADRE PÍO POR LA CONVERSIÓN

DE LOS PECADORES

Señor, te pido la conversión de los que, como yo, son pecadores.
Quiero unirme, junto al Santo Padre Pío,
a tu deseo de salvación universal,
solidarizándome con mis hermanos
y emprendiendo con ellos un camino de sincera conversión.
Dame la gracia de cumplir tus mandamientos
alimentando al hambriento, dando de beber al sediento,
vistiendo al desnudo, alojando al forastero,
visitando al enfermo y al encarcelado,
descubriéndote y respetándote en la obra de tus manos.
Cambia mi forma de pensar y de sentir,
porque muchas veces no parezco hijo tuyo.
Y permíteme disfrutar al final de los tiempos
del banquete que tienes preparado
no sólo para los que te conocen y sirven,
sino también para aquellos que no han tenido esa gracia
y que, a pesar de no saberlo, también son hijos tuyos.




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